RADIO KRIMINAL

EL POEMA DE AMOR MÁS ANTIGUO DEL MUNDO | Por Eduardo Gris

Caracteres sumerios: Tu encanto es dulce como la miel.

Novio de mi corazón, amado mío;
tu encanto es dulce, dulce como la miel.
Querido de mi corazón, amado mío;
tu encanto es dulce, dulce como la miel.


Tú me has cautivado, libremente iré hasta ti;
novio mío, quiero escapar contigo a la cama.
Tú me has cautivado, libremente iré hasta ti;
querido mío, quiero escapar contigo a la cama.


Novio mío, te haré cosas deliciosas;
dulce tesoro mío, miel te llevaré.
En la alcoba, empapada de miel,
gocemos de tu dulce encanto.
Querido mío, te haré cosas deliciosas;
dulce tesoro mío, miel te llevaré.


Novio mío, si me quieres,
habla con mi madre y a ti me entregaré;
habla con mi padre y me entregará a ti como regalo.


Darte placer… Yo sé cómo darte placer;
novio mío, duerme en mi casa hasta el alba.
Alegrar el corazón… Yo sé cómo alegrar tu corazón;
querido mío, duerme en mi casa hasta el alba.


Si me amas, 
amado mío, hazme cosas deliciosas.


Mi señor, mi dios; mi señor y mi dios protector,
mi Shusin, que alegra el corazón de Enlil,
¡ojalá me hicieras cosas deliciosas!
Tu sitio, dulce como la miel… ¡Ojalá pusieras tu mano sobre él!


Pon tu mano sobre él como la tapa de una copa;
extiende tu mano sobre él como la tapa de una copa.



Este es el poema de amor más antiguo del mundo. Eso, al menos, dicen de él en el Museo Arqueológico de Estambul, donde se expone la placa de arcilla en que fue plasmado, en escritura cuneiforme y lengua sumeria, hace unos cuatro mil años. El eminente sumeriólogo Samuel Noah Kramer nos cuenta cómo lo descubrió en 1951. Emociona leer sus palabras:


" Mientras trabajaba en el Museo de Estambul […], me topé con una pequeña tablilla que llevaba el número 2461. Durante semanas había estudiando, con más o menos curiosidad, cajones y cajones llenos de tablillas literarias sumerias aún sin copiar ni publicar. […] La tablilla con el número 2461 estaba en uno de los cajones, rodeada de otras piezas. La primera vez que puse mis ojos en ella, su característica más llamativa era el estado de conservación. Pronto me di cuenta de que estaba leyendo un poema, dividido en cierto número de estrofas, que celebraba la belleza y el amor y homenajeaba a una novia jubilosa y a un rey llamado Shu-Sin (que gobernó Sumeria hace unos 4000 años). Al leerla una y otra vez, no había duda sobre su contenido. Lo que tenía entre mis manos era uno de los poemas de amor más antiguos escritos por la mano del hombre. "

Los sumerios fueron un pueblo de origen desconocido que se estableció en el sur de la antigua Mesopotamia hacia la segunda mitad del IV milenio a. C. Allí inventaron la escritura, fundaron ciudades-estado, crearon un avanzado sistema de leyes, construyeron los célebres zigurats –templos con forma de pirámide escalonada–, desarrollaron eficaces técnicas de regadío y compusieron, entre los años 2100 y 1800 a. C., los primeros poemas de amor que se nos conservan.

Los sumerios celebraban un ritual sobre el que han corrido ríos de tinta: el Matrimonio Sagrado. En él, según parece, se actualizaba la unión erótica entre Inanna, diosa del amor y la fertilidad, y el dios-pastor Dumuzi, unión que, en la mitología, traía consigo la fecundidad y la abundancia. El rey, en representación de Dumuzi, desposaba a una sacerdotisa de Inanna y se unía a ella sexualmente –de forma real o simbólica–, con el doble objetivo de legitimar el poder real y propiciar buenas cosechas.

Uno no puede evitar imaginárselo: el palacio engalanado, el lecho de juncos y madera de cedro, el suelo perfumado con aceites; la sacerdotisa que encarna a la diosa se baña, se cubre de joyas y se tiende en la cama; recita ante el rey los versos de este poema —¡Hazme cosas deliciosas!—y ambos yacen juntos. Después, el banquete, con comida y bebida abundantes, música y danza.

Es posible que el poema de amor más antiguo fuera recitado durante la celebración de este ritual. El texto está en boca de la enamorada, que se dirige al rey Shusin para expresarle su pasión e incitarle a la unión erótica; a esta última aluden las «cosas deliciosas» que se mencionan repetidamente a lo largo del poema y la misteriosa súplica de los últimos versos, perfectamente clara si tenemos en cuenta que ese «sitio dulce como la miel» no es sino el sexo femenino.

En cuanto a Enlil, mencionado en la penúltima estrofa, es el dios del viento, cabeza del antiguo panteón mesopotámico, cuyo templo estaba en Nippur, donde se encontró la tablilla que contiene el poema.

Hipócrates, el arte médico, el racionalismo y la astrología | Por Samuel Finkielman

Se denomina Cuestión Hipocrática, básicamente, a los interrogantes que plantea la autoría de los tratados que forman el Corpus Hippocraticum. Alrededor de 60 obras constituyen el texto médico más amplio y antiguo que haya sobrevivido desde la remota antigüedad. Ciertamente, historiadores y filólogos consideran que los tratados que lo forman carecen de unidad estilística, incluyen posiciones particulares a veces contradictorias, algunos son simples bosquejos que requieren orden y desarrollo y otros, obras desarrolladas. Estos escritos abarcan múltiples aspectos de la medicina. Al respecto hay posiciones extremas.

Wilamowitz (1848-1931), un filólogo clásico prusiano, más conocido por la polémica a raíz de la obra de Nietzsche El nacimiento de la tragedia, que lo enfrentó a Rohde –maestro de Nietzsche– y a Wagner, Wilamowilz decía de Hipócrates: un nombre célebre sin el respaldo de ningún escrito.

Hay quienes adoptan una posición menos extrema y distinguen los tratados según criterios de excelencia, literarios, estilísticos, presencia de referencias cruzadas, ideas particulares de críticos antiguos y actuales, o, simplemente, su capricho. Una cosa es clara, los escritos hipocráticos rechazan el papel de la religión, la magia o cualquier superstición respecto de la enfermedad y su curación, incluyendo la filosofía (por ejemplo, en el tratado De la medicina antigua) sin advertir que muchas de las actitudes y creencias que se manifiestan en las obras representan posiciones filosóficas corrientes en la época de la redacción, siguiendo a los filósofos-médicos como Pitágoras, Alcmeón y Empédocles.

Hipócrates, llamado el padre de la medicina, consideraba su práctica como un arte, pero hay estudiosos que juzgan que la medicina hipocrática representa una ciencia, síntesis de la observación precisa de síntomas, signos y evolución de la enfermedad, a lo que se agrega la explicación racional de estas manifestaciones. Creo que hay que distinguir la racionalidad del racionalismo. La racionalidad es la posibilidad de poner a prueba una explicación. El racionalismo no exigía pruebas, sólo verosimilitud. Descartes no era científico, era un racionalista. Tampoco era ciencia la teoría de los humores, sólo un ejercicio de racionalismo.

Hipócrates es una figura admirable, su medicina representa lo más avanzado hasta los tiempos modernos, a pesar de la teoría humoral que prevaleció más de 2000 años y que sirvió para justificar la sangría, que causó tantos daños como discutibles beneficios. No hay un tratado hipocrático sobre la sangría, a la que menciona varias veces en pocos renglones sin darle importancia. Fue Galeno el que la consideró un recurso terapéutico eficaz e invalorable. La sangría tendría aun justificación en la insuficiencia cardíaca, no claramente reconocida por Hipócrates, y en la policitemia, que no pudo conocer.

Es curioso que lo que podría llamarse escuela o secta hipocrática fuera denominada dogmática en los tiempos del Imperio Romano y convivido con las sectas médicas rivales de los empíricos, de los metodistas y los eclécticos. Casi nadie considera que haya supersticiones racionalistas, sólo encontré que Seelig en 1905 tuvo el coraje de afirmar que la teoría humoral hipocrática era una superstición filosófica. El humoralismo que aparece en varios tratados del Corpus es una síntesis del par de oposiciones de Alcmeón (calor-frío y húmedo-seco) y de las cuatro raíces o elementos atribuidos a Empédocles: aire, agua, fuego y tierra. Fahraeus, un médico sueco que introdujo la eritrosedimentación, sugirió que los cuatro humores se basaron en la observación de la coagulación de la sangre en un reservorio transparente. Cuando la sangre se coagula en un tubo y se la deja sin perturbar se observan cuatro capas: un coágulo oscuro en el fondo (bilis negra); sobre el coágulo una capa de glóbulos rojos (sangre); sobre esta, una capa blancuzca de leucocitos (flema) y, finalmente, una capa superior de suero amarillo claro (bilis amarilla). Lamentablemente, en tiempos de Hipócrates se trabajaba el vidrio para hacer vasijas que eran opacas y no existían tubos transparentes. Recordar que la sangre sería caliente y húmeda; la bilis amarilla, caliente y seca; la flema, fría y húmeda; y la bilis negra, fría y seca.

El enorme mérito de Hipócrates es su avanzado oficio médico junto a las exigencias éticas. El relato de sus casos clínicos se parece a nuestros propios relatos: puso nombre a los síntomas y signos y describió facies, dedos en palillo de tambor, la sucusión pleural, la respiración periódica, etc. También consideró las enfermedades agudas, crónicas y epidémicas. La evolución y las crisis fueron consideradas con claridad y su redacción es simple y lacónica. Es cierto que hay párrafos oscuros, posiblemente debidos a una transcripción defectuosa y trozos incomprensibles que Galeno intentó aclarar. Hay un caso clínico que deseo transcribir, extraído de Epidemias I y III considerados propios de Hipócrates; de entre las 42 historias clínicas del texto de las cuales 25 (60 %) terminan con la muerte, muestra inequívoca de honestidad, está la siguiente:

- La mujer con dolor de garganta que yacía en la casa de Aristión comenzó su enfermedad con afonía, lengua roja y reseca.

- Al primer día escalofríos y fiebre.

- Al tercer día rigor, fiebre alta, aparecen nódulos encadenados a cada lado del cuello que descienden hasta el pecho, extremidades frías y lívidas, respiración frecuente. La bebida regurgitaba por la nariz, no podía deglutir. Cesó de orinar y evacuar.

- Al cuarto día empeoraron todos los síntomas.

- Al quinto día confusión y muerte.

Hipócrates escribía 400 años antes de la introducción del calendario Juliano y carecía de un modo adecuado de fechar, Había varios calendarios usados en Grecia basados en el ciclo lunar, de manera que una fecha sufriría corrimientos sucesivos en los años solares. Era por eso una práctica habitual emplear ciertos eventos astronómicos como método para determinar las estaciones, cuya importancia fue subrayada en los tratados Sobre aires, aguas y lugares, El régimen en las enfermedades agudas y en Epidemias. Mejor sería determinar los equinoccios y los solsticios pero esto requería no sólo de un gnomón que proyectara su sombra sino además un reloj de sol o dial adecuado para cada lugar; la sombra más corta al mediodía (solsticio de verano) correspondería al 21 de junio; la más larga, solsticio de invierno, 21 de diciembre, y los equinoccios, al mediodía, sombra intermedia, 21 de marzo, primavera y 21 de septiembre, otoño. Así, a falta de un dial, que requeriría la observación de un experto que lo construyera (tarea que demandaría un año), se observaba el cielo tomando como referencia el ascenso helíaco o ascendente y la puesta de tres constelaciones:

- El ascendente de las Pléyades, 10 de marzo primavera.

- El ascendente del Can (Sirio), 17 de julio verano.

- El ascendente de Arcturus, 10 de septiembre otoño.

- La puesta de las Pléyades, 11 de noviembre invierno.

No hay exactitud en el comienzo de la estación pero sí indican la plenitud de la misma o se anticipan al comienzo. De todas maneras marcan un cambio reciente del clima o su perspectiva futura. No era un calendario perfecto pero era más fijo que los meses lunares. ¿Significaba esto que las estrellas causaban el cambio de las estaciones y los riesgos de la enfermedad?

Hipócrates ignoraba la existencia de la astrología médica, que fue impulsada por el babilonio Beroso, casi un siglo después de su muerte. Beroso se había establecido en Cos y tuvo acceso a los escritos hipocráticos e interpretó una relación estrecha entre los cuatro humores y la posición de la luna en el zodíaco. Este concepto se generalizó en la época alejandrina, prevaleció en la Edad Media y con distinto énfasis en los tiempos modernos. La astrología fue aceptada por figuras como Kepler y, hay quien supone que afectó también a Newton que escribió extensamente sobre alquimia pero no se conocen escritos astrológicos suyos. Y se enseñó en las universidades.
Moerbeke (c1215-1286) nacido en Flandes, ingresó en la orden de Santo Domingo y trabajó junto a Santo Tomás de Aquino. Tradujo a Aristóteles del griego al latín y, ávidamente, tradujo también cuanto texto griego al que tuvo acceso, de filósofos, matemáticos, astrónomos y poetas. Después de obtener el arzobispado de Corinto llegó a sus manos un manuscrito griego atribuido a Hipócrates que no figuraba en las versiones bizantinas antiguas del Corpus Hippocraticum, que tradujo con el título probable De Ypocratis astronomia. Esta traducción tendrá una larga historia; copiado infinidad de veces, formó parte del patrimonio de las bibliotecas de toda Europa, y fundamentó la idea de un Hipócrates astrólogo. Otra versión griega fue traducida por Pietro D’Abano y una tercera versión latina es de autor anónimo. Cada copista tituló la traducción a su antojo y se cuentan más de una veintena de títulos. Algunas de estas versiones son atribuidas a Galeno.

Albrecht von Haller (l708-1777), suizo de Berna y discípulo de Boerhaave, médico, anatomista, fisiólogo, botánico y poeta, formó un grupo que tradujo al latín y al alemán los escritos hipocráticos incluyendo los tratados y epístolas apócrifas en una sección –Opera spuria– a la que agregó sus comentarios. El tratado en cuestión se denomina De significatione vitae et mortis secundum motum lunae et aspectus planetarius. Dice Haller: “En conjunto es absolutamente astrológico y muy remoto de la sabiduría hipocrática. No existe en la versión griega del Corpus Hippocraticum y es obra de otro autor tardío. Comprende 14 párrafos y 16 páginas y versa sobre todos los signos del zodíaco y la localización de la luna a lo largo de aquellos. Su lectura proporciona alguna información acerca de lo absurdo de la astrología, presunta ciencia que aún tiene adeptos, como la figura de la portada de muchos almanaques anuales”. Al autor suelen denominarlo pseudo- Hipócrates o Hipócrates Latino.

¿Cree usted, caro lector, que Hipócrates practicó la astrología leyendo en las estrellas el destino de sus pacientes, que llamaba pronóstico?

Cultura: ¿Cómo es la Resurrección de Jesús en los Evangelios Apócrifos? | Por Alina Escobedo

Los evangelios apócrifos no son considerados canónicos al no estar en la Biblia y nos cuentan una historia distinta de Jesús y su resurrección.
Lo que sabemos sobre la vida y obra de Jesús lo encontramos en el Nuevo Testamento de la Biblia.  La segunda parte de la Biblia cristiana fue compuesta entre los años 50 y 100 d.C., fue publicada en el año 370 y consagrada en el Tercer Concilio de Cártago en 397. Sin embargo, muchos han puesto en duda los textos elegidos para su conformación, particularmente por la existencia de los llamados evangelios apócrifos. 

Y, si bien, coinciden en muchas cosas sobre la vida de Jesús, en otras hay grandes diferencias. Por lo qué hablaremos de cómo es presentada la resurrección del Mesías en los evangelios apócrifos.

¿Qué son los Evangelios Apócrifos?

Son básicamente un conjunto de literatura cristiana primitiva que cuenta vida y obra de los mismos personajes y personas que se encuentran en el Nuevo Testamento. Son evangelios, cartas o aventuras de apóstoles, pero lo que todos tienen en común es que no están incluidos en el Nuevo Testamento.
Cuando se formó el Nuevo Testamento, como había mencionado, ninguna de estas obras se incluyó,a pesar de que algunos son tan viejos como los que sí aparecen en el Nuevo Testamento. Los textos apócrifos nos dan acceso a ideas sobre Jesús y sus apóstoles que los cristianos de los primeros dos a cinco siglos después de Cristo tuvieron sobre Jesús. Ideas que se hicieron muy influyentes en el cristianismo, pero en realidad no se encuentran en el Nuevo Testamento.

¿Qué significa Apócrifo?

Etimológicamente, proviene del griego apocryphon, que significa oculto. Es altamente probable que, en su significado original, una texto apócrifo no tuviera una importancia desfavorable, sino que simplemente denotara una composición que reclamaba un origen sagrado, y se suponía que había estado oculta durante generaciones, o absolutamente, a la espera del momento oportuno de ser revelado.

Sin embargo, el nombre de Apócrifos pronto llegó a tener un significado desfavorable que aún conserva, lo que conlleva la falta de autenticidad y canonicidad.

¿Por qué no está en el Nuevo Testamento?

Los evangelios apócrifos se consideraban en la antigüedad como heréticos o marginalmente ortodoxos. Tenían ideas que los cristianos de aquellos años no creían que representaban la verdad de Jesús y su doctrina. La mayoría de ellos no se incluyeron en el Nuevo Testamento porque los cristianos que formaron el libro yeligieron el canon, no pensaron que estuvieran escritos por apóstoles o por personas que conocían a los apóstoles.

¿Qué encontramos en los Evangelios Apócrifos?

Los evangelios apócrifos narran lo que los apóstoles o seguidores de Jesús vivieron estando con él, antes y después de su resurrección. Hay otros, como el de Infancia de Tomás, que aborda a Jesús durante sus primeros años, y muestra como el Salvador no se controlaba del todo al usar sus “poderes”.
Y el hijo de Anás el escriba se encontraba allí, y, con una rama de sauce, dispersaba las aguas que Jesús había reunido. Y Jesús, viendo lo que ocurría, se encolerizó, y le dijo: Insensato, injusto e impío, ¿qué mal te han hecho estas fosas y estas aguas? He aquí que ahora te secarás como un árbol, y no tendrás ni raíz, ni hojas, ni fruto. E inmediatamente aquel niño se secó por entero. Tomás III, 1-3
También hay otros, como el de Tomás (no confundir con el de la Infancia) en el que se nos muestra otro camino hacia la salvación. En él, nos dice Jesús no nos salvó al morir y resucitar. Más bien, Jesús salva a las personas al revelar la verdad, el conocimiento de Dios y de sí mismos a través de sus dichos.

La figura de Pilatos también recibe su protagonismo. Por ejemplo en el de Pedro y Pablo, se habla de una carta que Poncio envió al Emperador Claudio en la que relata como los judíos acusaron a Jesús. También relatan sus acciones tras la crucifixión y como ayudó a divulgar en el milagro de la resurrección.

Y hablando de la resurrección, este hecho también varía en los apócrifos.

Evangelio de Judas es de los apócrifos de más reciente descubrimiento.

Evangelio de Pedro

Este evangelio apócrifo fue conocido a partir de un códice que data de los siglos V y VII que se encontró en un cementerio en Akhmim, Egipto. Contiene algunos detalles muy familiares y algunos detalles bastante fantásticos de la resurrección de Cristo. Por ejemplo:
Ahora, en la noche en que se acercaba el Día del Señor, mientras los soldados vigilaban dos por dos en guardia, había una gran voz en el cielo, y vieron que se abrían los cielos, y dos hombres descendían de allí con mucha luz y se acercaron a la tumba. Y la piedra que había sido arrojada en la puerta se abrió y se abrió parcialmente camino, y se abrió la tumba, y entraron los dos jóvenes. Pedro IX, 35-37
Los soldados, por lo tanto, cuando lo vieron, despertaron al centurión y a los ancianos (porque también estaban allí vigilando); y cuando contaron las cosas que habían visto, otra vez vieron a tres hombres que venían de la tumba, dos de ellos sostenían al otro y una cruz los seguía. Y la cabeza de los dos llegó al cielo, pero la de aquel que fue dirigido por ellos sobrepasó los cielos. Y oyeron una voz de los cielos, diciendo: ‘¿Predicaste a los que duermen?’. Y se escuchó una respuesta de la cruz, ‘Sí’. Pedro 10, 38-42
La cruz y los ángeles no aparecen en el relato que conocemos de la Biblia, ni a una cruz respondiendo. Aunque, tal vez, quería referirse al crucificado.

Acta de Pilatos (Evangelio de Nicodemo)

Este evangelio apócrifo fue muy popular, traducido a diferentes idiomas a lo largo de los siglos, hasta la modernidad. Hay tres partes principales: el juicio y la muerte de Cristo, una parte con José de Arimatea y Nicodemo con detalles sobre la resurrección y el descenso de Cristo al infierno.
En la segunda parte, se nos representa una discusión que tiene lugar dentro de la sinagoga. El contexto es que los judíos gobernantes habían encerrado a José de Arimatea en una habitación y lo habían sellado debido a su participación en poner el cuerpo de Jesús en la tumba. La sinagoga se reunía al día siguiente (domingo) para discutir qué hacer con él. Sin embargo, cuando fueron a buscar a José, descubrieron que de alguna manera lo habían sacado de la habitación cerrada, vigilada y sellada.
Y mientras aún estaban sentados en la sinagoga y asombrados por José, llegaron algunos de los guardias de que los judíos le habían pedido a Pilato que guardara la tumba de Jesús, para que no vinieran sus discípulos y se lo llevaran. Y ellos informaron, diciendo a los gobernantes de la sinagoga, a los sacerdotes y a los levitas lo que había sucedido: De alguna manera hubo un gran terremoto, y vimos a un ángel descender del cielo, y apartó la piedra de la boca de la cueva y se sentó sobre ella. Y él brillaba como la nieve y como un rayo, y estábamos muy asustados y fingimos estar muertos. Y escuchamos la voz del ángel que hablaba con las mujeres que esperaban en la tumba: “No temas, porque sé que buscas a Jesús que fue crucificado. Él no está aquí, ha resucitado, como dijo. Ven, ve el lugar donde yace el Señor. Ahora ve rápido, dile a sus discípulos que él ha resucitado de entre los muertos y está en Galilea”. Nicodemo, 13, 1
Los judíos dijeron: “¿Con qué mujeres habló?”. Los de la guardia dijeron: “No sabemos quiénes eran.” Los judíos dijeron: “Qué hora era?” Los de la guardia dijeron: ‘Medianoche” “Los judíos dijeron: ¿Y por qué no te llevaste a las mujeres?” Los de la guardia dijeron: “Nos convertimos en hombres muertos por miedo, y no miramos la luz del día; entonces, ¿cómo podríamos tomarlos?”. Los judíos dijeron: “Vive el Señor, no te creemos.” Los de la guardia dijeron a los judíos: “Viste tantas señales en ese hombre y no creíste, ¿cómo entonces deberías creernos? En verdad, usted juró correctamente ‘como vive el Señor’, porque él sí vive.” Nuevamente los de la guardia dijeron: “Hemos escuchado los informes de la persona que pidió el cuerpo de Jesús, que lo aseguró y que selló el puerta; y cuando lo abriste no lo encontraste. Así que nos das a José y nosotros te daremos a Jesús.” Los judíos dijeron: “José se ha ido a su propia ciudad.” Los de la guardia dijeron a los judíos: “Y Jesús ha resucitado, como hemos escuchado del ángel, y está en Galilea.” Nicodemo 13, 2
Y los judíos, al escuchar estas palabras, se sintieron sumamente temerosos, diciendo: “Presta atención para que no se escuche este informe y todos empiecen a escuchar a Jesús.” Y los judíos tomaron consejo y depositaron una gran cantidad de dinero para dárselo. los soldados, diciendo: “Tú dices: ‘Mientras dormíamos, sus discípulos vinieron de noche y lo robaron’ Y si esto llega a la audiencia del gobernador, lo persuadiremos y aseguraremos”. Y lo tomaron e hicieron lo que eran instruidos. Nicodemo 13, 3
Así como en el caso de Pedro, toma mucho de lo que conocemos en los evangelios canónicos.

Evangelio Apócrifo que fue vendido en subasta.

Jesús en el infierno

Sin embargo, hay otros que se enfocan más a detalle en la visita de Jesús al infierno. Como el de Bartolomeo, en el que Jesús baja al infierno , le predica a Judas ante de salvar a todos lo que están ahí, menos a Iscariote, Herodes y  Caín.

El de Pablo es interesante porque es una visión del infierno en la que la mayoría de las personas que sufren en el infierno y son castigadas no son paganos o judíos u otros no creyentes en el cristianismo, sino los mismos cristianos, cristianos que han hecho cosas malas, especialmente miembros del clero que no hacen bien su trabajo correcto y los herejes.

En el propio Evangelio de Nicodemos tenemos otra versión de este descenso de Jesús al infierno. La historia comienza con un diálogo entre Hades y Satanás, quienes han escuchado la noticia de que Jesús viene, lo que provoca un debate sobre el poder de Jesús. Hades tiene miedo, porque ha oído hablar de los milagros que Jesús ha realizado en la Tierra. Satanás, por otro lado, ha escuchado que Jesús fue crucificado como un criminal común. Está seguro de que serán capaces de atar y someter a Jesús cuando llegue a su reino.

Cuando Jesús llega, Hades le pide a sus siervos que cierren y aseguren las puertas, pero es en vano. Jesús las rompe y entra. Se apodera de Satanás y lo ata con cadenas de hierro, y luego lo envía a la custodia de Hades hasta la segunda venida. Jesús luego vuelve su atención a los patriarcas. Levanta a Adán, junto con todos los profetas y los santos. Juntos, todos salen del Hades y ascienden al Paraíso.

Las pioneras feministas que odiaban el aborto


Sarah Terzo, que milita en el movimiento provida desde el ámbito del ateísmo y el secularismo (dirige la página web ClinicQuotes y es además miembro de la Prolife Alliance of Gays and Lesbians [Alianza Provida de Gays y Lesbianas]), ha recordado en un artículo en Live Action la postura ante el aborto de siete pioneras de los derechos de la mujer en Estados Unidos. No solamente todas ellas lo rechazaban, sino que dedicaban palabras muy duras a las madres que querían destruir o destruían la vida de sus hijos antes de nacer.


"The Revolution", referencia feminista y antiabortista

Elizabeth Cady Stanton (1815/1902) militó toda su vida en el abolicionismo y en el sufragismo. En 1848 participó decisivamente en la llamada Convención de Seneca Falls, que se considera como la primera muestra de feminismo organizado en Estados Unidos. Madre de siete hijos, dirigió la publicación The Revolution, donde dejó por escrito en más de una ocasión su opinión sobre el aborto.


Por ejemplo, en el número del 12 de marzo de 1868, en un artículo titulado "Child murder [Asesinato de niños]" cita la investigación de un médico (el doctor Oaks), que habría descubierto, sólo en el condado de Androscoggin (Maine), "cuatrocientos asesinatos anuales producidos por aborto". Y añade: "Tiene que haber un remedio para esta maldad que clama al cielo".


Sarah F. Norton es conocida sobre todo por su batalla para que la Cornell University admitiese mujeres como alumnas, lo que finalmente logró en 1870. También en The Revolution, escribió un artículo contra el "feticidio", donde se expresaba con una sorprendente frescura, casi como podría hacerlo hoy: "Matar niños es un asunto fácil y cotidiano. Los asesinos de niños practican su profesión sin estorbo ni impedimento, abren carnicerías infantiles sin que nadie haga preguntas y se establecen con una impunidad que no se permite a los mataderos de ganado. Numerosas personas se muestran dispuestas a cometer esta forma de asesinato, y anuncian su negocio con descaro en los periódicos. A nadie parece sorprenderle. Se distribuyen folletos anunciando pastillas y pociones para conseguir ese objetivo, y de esa forma los nombres de semejantes asesinos de bebés y los métodos que practican se nos han hecho familiares... ¿Es que no hay remedio para todos estos asesinatos prenatales de niños? Tal vez llegue un día en el que una madre soltera no sea despreciada por su maternidad, y en el que no se negará al no nacido el derecho a nacer".


Palabras muy duras

Victoria Woodhull (18381927) fue, en 1872, la primera mujer que se proclamó candidata a la presidencia de Estados Unidos como forma de reclamar el voto femenino y una de las primeras mujeres brokers que operaron en Wall Street.


Era partidaria del amor libre y del divorcio, pero en cuanto al respeto a la vida humana no nacida, este párrafo deja claro que no admitía componendas ni paños calientes: "Las esposas permiten deliberadamente quedarse embarazadas de niños, y para evitar ser madres, con la misma deliberación los matan cuando aún están en su seno. ¿Puede haber una condición más inmoral que ésta? Somos conscientes de que muchas mujeres intentan excusarse a sí mismas de abortar, alegando que no es un asesinato. Pero el hecho de que recurran a un argumento tan débil sólo muestra con mayor evidencia que son plenamente conscientes de la enormidad del crimen".


Maddie H. Brinckerhoff fue una profesora en el Medio Oeste de Estados Unidos, sufragista y también colaboradora de The Revolution. Sarah Terzo explica que se ha alegado su defensa de la "maternidad voluntaria" para convertirla en defensora del aborto, pero nada más lejos de la realidad. Por ese término entendía que la mujer tuviese derecho a negarse a mantener relaciones sexuales con su marido, pero, una vez concebida una nueva vida, no había dudas: "Cuando un hombre roba para comer, concluimos lógicamente que algo no marcha bien en la sociedad. Del mismo modo, cuando una mujer destruye la vida de su hijo no nacido es una prueba de que algo se ha hecho muy mal en su educación o en sus circunstancias. La cuestión es: ¿cómo evitar la destrucción de la vida y de la salud?".


Las primeras mujeres médico, tajantes

Elizabeth Blackwell (18211910), sufragista y abolicionista, fue la primera mujer en Estados Unidos en obtener el título de médico. En un artículo en el que describía física y fisiológicamente al embrión en términos de gran belleza, afirmaba que había que contemplarlo "con reverente admiración".


En su diario se lee, en referencia a una doctora que practicaba abortos en Nueva York, lo siguiente: "La brutal perversión y destrucción de la maternidad por la abortista me llenó de indignación y despertó en mí un antagonismo activo. Que el honroso título de ´mujer médico´ se aplique exclusivamente a mujeres que se dedican a este sorprendente comercio me parece un horror. Es una degradación total de lo que podría y debería ser la noble posición de la mujer".

Charlotte Lozier
(1844 / 1870), "modelo e inspiración para la medicina, la ciencia y la investigación al servicio de la vida" (según el instituto que lleva su nombre), fue también una de las primeras mujeres médico de Estados Unidos.


En 1869 un hombre acudió a su consulta en Nueva York, un hombre que había venido desde Carolina del Sur, a quien acompañaba una chica de unos 18 años. El sujeto pretendía que la doctora Lozier le practicase un aborto. "La doctora", cuenta la crónica", "le espetó que había acudido al lugar adecuado para algo tan vergonzoso, repugnante, antinatural e ilegal. Ofreció su ayuda a la joven en lo que estuviese en su mano para el momento del parto, y la previno y aconsejó contra el terrible acto que ella y su acompañante (a quien denominaba ´primo´) pretendían".

Aparecen la "culpa" y el síndrome post-aborto

Susan B. Anthony (1820 / 1906) fue una de las principales colaboradoras de Elizabeth Cady Stanton en el movimiento sufragista, y una de las más célebres organizadoras pioneras del feminismo, no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa. En homenaje a su nombre existe la Susan B. Anthony List, un grupo de influencia que busca la elección de mujeres provida para cargos públicos, con objeto un día de revertir la legalización del aborto en el país.


En un artículo que firmó con sus iniciales, pero que la mayor parte de los investigadores -explica Sarah Terzo- consideran suyo (se publicó en The Revolution, el periódico de su amiga y colaboradora), decía esto sobre la culpabilidad de la mujer en el aborto: "¿Culpable? Sí. No importa cuál sea el motivo, si el apego a una vida cómoda o el deseo de evitar sufrimientos al inocente no nacido, la mujer que comete el crimen es terriblemente culpable. Pesará sobre su conciencia toda la vida, amargará su alma hasta la muerte. Pero es triplemente culpable quien, por satisfacción egoísta, desoyendo las peticiones de ella, indiferente al destino que le aguarda a ella, la conduce a una desesperación que la empuja a ese crimen".

Y en un discurso de 1875 citaba el aborto junto a otros males ("rupturas del compromiso, divorcios, adulterios, bigamias, seducciones, violaciones, asesinatos de esposas, asesinatos de amantes, abortos, infanticidios") como prueba de "la incapacidad de los hombres para acabar con estos males sociales monstruosos".

El aborto, agresión del hombre


El resumen de los testimonios aportados es claro: las pioneras del feminismo consideraban monstruoso que una madre matara a su hijo fuesen cuales fuesen las circunstancias de su concepción. Veían el aborto como (la mayor parte de las veces) una agresión del hombre a la mujer, causándole un doble daño -como mujer y como madre- para librarse él de un problema. Y condenaban a una sociedad que, abocando a una estigmatización sin límites a la madre soltera, la empujaba al aborto.

Porque, como se ha visto, no ahorraban calificativos: ni hacia el crimen, ni hacia sus responsables.

Muerte y funeral de Piotr Kropotkin | Por Emma Goldman

El 8 de febrero de 1921, fallecía Piotr Kropotkin en Dmítrov, Rusia.
Cuando llegué a Moscú en enero de 1921, me enteré de que Piotr Kropotkin estaba aquejado de neumonía. Inmediatamente, me ofrecí a cuidar de él, pero como ya le estaba asistiendo una enfermera y la dacha de Kropotkin era demasiado pequeña como para dar cobijo a visitas extraordinarias, decidimos que Sasha Kropotkin, quien por entonces se hallaba en Moscú, iría a Dmítrov para comprobar si mi presencia allí era realmente necesaria. Mi idea inicial era viajar a Petrogrado al día siguiente. Estuve esperando la llamada desde el pueblo hasta el mismo momento de mi partida. Al no llegar, supuse que Kropotkin se estaría recuperando. Dos días después, ya en Petrogrado, Rávich me informó de que Kropotkin había empeorado y que me estaban reclamando para que me personara enseguida en Moscú. Me puse en camino de inmediato, pero por desgracia mi tren se retrasó diez horas, así que llegué a Moscú demasiado tarde para hacer la conexión con destino a Dmítrov. No había por entonces trenes matutinos que llevaran al pueblo, así que hasta la tarde del 7 de febrero no pude finalmente ocupar el asiento de un tren rumbo a mi destino. Luego, la locomotora se fue a por combustible y no regresó hasta la una de la madrugada del día siguiente. Cuando por fin llegué a la dacha de Kropotkin, el 8 de febrero, conocí la terrible noticia de que Piotr había fallecido hacía más o menos una hora. Había requerido mi presencia en repetidas ocasiones, pero yo no había estado allí para prestar un último servicio a mi querido maestro y camarada, uno de los espíritus más grandes y nobles del mundo. No se me concedió el don de pasar junto a él sus últimas horas. Ahora al menos, permanecería allí hasta que le condujeran al lugar de su último reposo.
Dos cosas me habían impresionado en especial durante las dos visitas previas que había hecho a Kropotkin: su ausencia de resentimiento hacia los bolcheviques y el hecho de que nunca hubiera aludido a sus apuros y privaciones. Solo entonces, mientras la familia se preparaba para el funeral, me enteré de algunos detalles de su vida bajo el régimen comunista. A comienzos de 1918, Kropotkin había reunido en torno a él a algunos de los especialistas más capaces en política económica. Su intención era realizar un meticuloso estudio de los recursos de Rusia, reunir su exposición en monografías y llevarlos a la práctica durante la reconstrucción industrial del país. Kropotkin era el editor al cargo del proyecto. El primer volumen estaba listo, pero nunca llegó a ser publicado. La Liga Federalista, nombre por el que era conocido este grupo de científicos, fue disuelta por el Gobierno y todo el material confiscado.
Acusada de estar implicada en el asesinato del presidente McKinley, Emma fue detenida en 1901.
En dos ocasiones fueron requisadas las viviendas de Kropotkin en Moscú, viéndose la familia forzada a buscar otro alojamiento. Fue entonces, después de aquellas experiencias, cuando los Kropotkin se mudaron a Dmítrov, donde el viejo Piotr se convirtió, en contra de su voluntad, en un exiliado. Kropotkin, cuya casa había reunido en el pasado lo más florido del pensamiento y las ideas de cualquier lugar, se veía ahora obligado a llevar la vida de un recluso. Sus únicos visitantes eran campesinos y trabajadores del pueblo y algunos miembros de la intelectualidad que tenían por costumbre acudir a él con sus problemas y desgracias. Él siempre había estado en contacto con el mundo gracias a un gran número de publicaciones, pero en Dmítrov no tenía acceso a esas fuentes. Sus únicos canales de información allí eran los dos periódicos gubernamentales, Pravda e Izvestia. También se encontró muy limitado en lo referente a su trabajo sobre la nueva Ética una vez se fue a vivir al pueblo. Se sentía mentalmente hambriento, lo que para él suponía una tortura mayor que la malnutrición física. Es cierto que le daban un payok mejor que al individuo medio, pero incluso así este resultaba exiguo para mantener sus debilitadas fuerzas. Afortunadamente, de tanto en tanto recibía, de muy distintas procedencias, ayuda en forma de provisiones. Sus camaradas del extranjero, así como los anarquistas de Ucrania, a menudo le enviaban paquetes de comida. En una ocasión, recibió algunos regalos de parte de Majnó, por entonces proclamado por los bolcheviques como el terror de la contrarrevolución en la Rusia meridional. Los Kropotkin sentían en particular la falta de luz. Cuando les visité en 1920, se consideraban afortunados por estar en disposición de tener una habitación iluminada. La mayor parte del tiempo, Kropotkin trabajaba bajo el titilar de una minúscula lámpara de aceite que casi le había dejado ciego. Solía pasar sus notas a máquina durante las breves horas del día, tecleando lenta y dolorosamente cada una de las letras.
Sin embargo, no fue su falta de comodidad lo que fue minando sus fuerzas. Fue la idea de que la Revolución había fracasado, los apuros de Rusia, las persecuciones y los rasstrels –los fusilamientos– sin fin, lo que convirtió los dos últimos años de su vida en una verdadera tragedia. Intentó hacer entrar en razón a los dirigentes de Rusia en dos ocasiones: la primera, protestando contra la supresión de todas las publicaciones no comunistas; la segunda vez, contra la bárbara práctica de tomar rehenes. Desde que la Checa había comenzado sus actividades, el Gobierno bolchevique había oficializado la toma de rehenes. Viejos y jóvenes, madres, padres, hermanas, hermanos, incluso niños, eran mantenidos como rehenes por el supuesto delito de alguien de su familia y del que a menudo no sabían nada. Kropotkin consideraba aquellos métodos inaceptables bajo cualquier circunstancia.
Imágenes del entierro.
En el otoño de 1920, miembros del Partido Socialista Revolucionario que habían logrado salir al extranjero, amenazaron con represalias si la persecución comunista de sus camaradas continuaba. El Gobierno bolchevique anunció en su prensa oficial que por cada víctima comunista se ejecutaría a diez socialistas revolucionarios. Fue entonces cuando los famosos revolucionarios Vera Figner y Piotr Kropotkin enviaron sus protestas a quienes ostentaban el poder en Rusia. Señalaron que esas prácticas eran la peor mácula que podía caer sobre la Revolución Rusa, un mal que ya había provocado unos resultados terribles durante sus últimos coletazos: la historia nunca perdonaría ese proceder.
La otra protesta se llevó a cabo en respuesta al plan del Gobierno de «liquidar» todos los negocios privados del mundo de la edición, incluyendo los de las cooperativas. La protesta se dirigió a la presidencia del Congreso Panruso de los Sóviets, que por entonces estaba celebrando una sesión. Sería interesante resaltar que el propio Gorki, un funcionario del Comisariado de Educación, había enviado también una protesta parecida. En su queja, Kropotkin pedía que se prestara atención al peligro que una política como aquella supondría para todo el progreso, de hecho, para todo el pensamiento, e hizo hincapié en que un monopolio estatal de esas características prácticamente imposibilitaría el trabajo creativo. No obstante, las protestas no surtieron efecto. A partir de ahí, Kropotkin comprendió que era inútil recurrir a un gobierno al que el poder había enloquecido.
Durante los dos días que pasé en el hogar de los Kropotkin, conocí más detalles de su vida personal que durante todos los años que le había conocido. Ni siquiera sus amigos más próximos estaban al tanto de que Piotr Kopotkin era un artista y un músico de gran talento. Entre sus efectos, descubrí una colección de pinturas de mucho mérito. Amaba la música con pasión y había llegado a ser un músico de rara capacidad. Gran parte de su tiempo libre lo pasaba ante el piano.
Y ahora yacía en su sofá, en su pequeña sala de trabajo, aparentemente plácidamente dormido, con su expresión tan amable en muerte como lo había sido en vida. Miles de personas peregrinaron hasta la dacha de Kropotkin para rendir homenaje a aquel gran hijo de Rusia. Cuando sus restos fueron trasladados a la estación para ser conducidos a Moscú, todos los habitantes del pueblo asistieron al impresionante cortejo fúnebre para expresar su último y afectuoso adiós al hombre que había vivido entre ellos como amigo y camarada.
Y fueron los amigos y camaradas de Kropotkin quienes decidieron que serían las organizaciones anarquistas las que debieran hacerse cargo en exclusiva del funeral, de modo que a este fin se constituyó en Moscú la Comisión para el Funeral de Piotr Kropotkin, integrada por representantes de varios grupos anarquistas. El Comité envió un cable a Lenin, pidiéndole que ordenara la liberación de todos los anarquistas encarcelados en la capital, dándoles así la oportunidad de participar en el funeral.
Debido a la nacionalización de todo el transporte público, de los negocios de imprenta y demás, la Comisión para el Funeral organizada por los anarquistas se vio obligada a recurrir al Sóviet de Moscú para que este le permitiera llevar a buen puerto el programa del funeral. Habiendo sido privados los anarquistas de su propia prensa, la Comisión tuvo que solicitar a las autoridades la publicación del material relacionado con el plan del entierro. Después de discutir considerablemente, se logró el permiso para imprimir dos folletos y para publicar un boletín de cuatro páginas que conmemorara la figura de Kropotkin. La Comisión pretendía que la publicación fuera editada sin censura y declaró que su contenido estaría formado por apreciaciones sobre nuestro fallecido camarada, sin incluir cuestiones polémicas. Esta pretensión fue categóricamente rechazada. Al no tener otra opción, la Comisión se vio forzada a ceder, así que se enviaron los manuscritos a la censura. Para evitar la posibilidad de quedarse sin ninguna publicación conmemorativa a causa de las tácticas retardatorias del Gobierno, la Comisión para el Funeral resolvió abrir, bajo su responsabilidad, una imprenta anarquista que las autoridades gubernamentales habían clausurado. El boletín y los dos folletos se imprimieron en ese establecimiento.
En el centro, Emma Goldman dirigiéndose a los presentes en el entierro.
En respuesta al cable enviado a Lenin, el Comité Central Ejecutivo Panruso de los Sóviets resolvió «proponer a la Comisión Extraordinaria Panrusa (VCheK) que soltara, siguiendo su propio criterio, a los anarquistas encarcelados para que participaran en el funeral de Piotr Kropotkin». A los delegados enviados a la Checa se les preguntó si la Comisión para el Funeral garantizaría el regreso de los prisioneros. Ellos respondieron que esa cuestión no había sido tratada. Acto seguido, la Checa rechazó liberar a los anarquistas. La Comisión para el Funeral, al ser informada sobre cómo había evolucionado la situación, garantizó de inmediato el regreso de los prisioneros una vez cebrado el entierro. Sin embargo, la Checa respondió que no había anarquistas en prisión que, a juicio del director de la Comisión Extraordinaria, pudieran ser liberados con ocasión del funeral.
Los restos del fallecido fueron velados en la Sala de las Columnas del Templo Obrero de Moscú. La misma mañana del funeral de Kropotkin, la Comisión decidió informar a la gente allí congregada de la falta de confianza demostrada por las autoridades y, en consecuencia, se sacaron del Templo todas las coronas enviadas por cualquier institución oficial de los comunistas. Temerosos ante la posibilidad de quedar públicamente comprometidos, los representantes del Sóviet de Moscú por fin dieron palabra de que todos los anarquistas encarcelados en Moscú serían inmediatamente puestos en libertad para que asistieran al funeral. No obstante, también faltaron a aquella promesa, pues solo soltaron a siete anarquistas de la «cárcel interna» de la Comisión Extraordinaria. Ninguno de los anarquistas presos en la cárcel de Butyrka asistió al funeral. La explicación oficial fue que los veinte anarquistas confinados en esa prisión habían rechazado la oferta de las autoridades. Más tarde, visité a los prisioneros para evaluar los hechos del caso. Ellos me informaron de que un representante de la Comisión Extraordinaria trató de imponerles la asistencia individualizada, haciendo algunas excepciones en casos concretos. Los anarquistas, conscientes de que la promesa de la liberación temporal era colectiva, exigieron que las condiciones se respetaran. El representante de la Checa se fue en busca de un teléfono para consultar a sus superiores, según había dicho. Y ya no regresó.
El funeral produjo una imagen impresionante. Fue una demostración única, nunca vista en ningún otro país. Largas colas de organizaciones anarquistas, sindicatos, sociedades científicas y literarias y organizaciones estudiantiles marcharon durante más de dos horas desde el Templo Obrero hasta el lugar de enterramiento, una distancia de siete verstas (aproximadamente, cinco millas). La procesión iba encabezada por estudiantes y niños que portaban las coronas que las diferentes organizaciones habían enviado. Negras pancartas anarquistas y rojos emblemas socialistas ondeaban sobre la multitud. La procesión, de una milla de largo, no precisó en ningún momento de los servicios oficiales para preservar la paz. La multitud mantuvo un orden perfecto, disponiéndose de forma espontánea en varias filas mientras los estudiantes y los trabajadores organizaban una cadena viva a ambos lados de los asistentes.  Al pasar frente al Museo Tolstói, el cortejo se detuvo y se inclinaron los estandartes para honrar la memoria de otro gran hijo de Rusia. Un grupo de tolstoyanos interpretó desde la escalinata del Museo la Marcha fúnebre de Chopin como muestra de amor y reverencia hacia Kropotkin.
El brillante sol de invierno se sumía ya en el horizonte cuando los restos de Kropotkin fueron bajados a su tumba después de que oradores de muchas tendencias políticas hubieran rendido un último tributo a su gran maestro y camarada.
Emma Goldman - Mi desilusión en Rusia
Traducción de Enrique Moya Carrión
El Viejo Topo (2018)