RADIO KRIMINAL

¿QUÉ ES UN CRIMEN SOCIAL? Extracto de "La situación de la clase obrera en Inglaterra", de FRIEDRICH ENGELS.

UN DÍA COMO HOY DE 1895, FALLECÍA FRIEDRICH ENGELS. UNO DE LOS PADRES , JUNTO CON KARL MARX, DEL SOCIALISMO CIENTÍFICO O REAL.
Cuando un individuo hace a otro individuo un perjuicio tal que le causa la muerte, decimos que es un homicidio. Si el autor obra premeditadamente, consideramos su acto como un crimen. Pero cuando la sociedad pone a centenares de proletarios en una situación tal que son necesariamente expuestos a una muerte prematura y anormal, a una muerte tan violenta como la muerte por la espada o por la bala, cuando quita a millares de seres humanos los medios de existencia indispensables, imponiéndoles otras condiciones de vida, de modo que les resulta imposible subsistir, cuando ella los obliga por el brazo poderoso de la ley a permanecer en esa situación hasta que sobrevenga la muerte, que es la consecuencia inevitable de ello, cuando ella sabe demasiado bien que esos millares de seres humanos serán víctimas de esas condiciones de existencia, y sin embargo permite que subsistan, entonces lo que se comete es un crimen, muy parecido al cometido por un individuo, salvo que en este caso es más disimulado, más pérfido, un crimen contra el cual nadie puede defenderse, que no parece un crimen porque no se ve al asesino, porque el asesino es todo el mundo y nadie a la vez, porque la muerte de la víctima parece natural, y que es pecar menos por comisión que por omisión. Pero no por ello es menos un crimen.

LA PATRIA... DE ALGUNOS (Por Osvaldo Bayer)

El 9 de julio de 1816 se declaró la independencia de algunos sectores de la sociedad argentina pero se siguió con un sistema de desprecio a los pueblos originarios, con la apropiación de sus tierras de la mano de Julio Argentino Roca y compañía. Los argentinos tenemos el deber de rehacer todo eso dándoles lo que necesitan y merecen.
Los pueblos originarios viven esta fecha con una gran decepción, como una esperanza que no se cumplió. Ellos siguen luchando por sus tierras. Se han hecho notar, es cierto, pero realmente no han conseguido nada.
Los más jóvenes deberían saber que cuando se hizo la patria fue para los hijos de los europeos, pero no para toda la población. Tenemos que reconocer sus derechos de una vez por todas. Seguiremos apoyándolos para que algún día lo logren.
Hoy pido que los pueblos originarios tengan en el Congreso una representación especial para que ellos mismos exijan por sus derechos. No logramos todo lo que soñaron los primeros patriotas. Nuestro presente no condice con lo que cantamos en el himno: “Ved en trono a la noble igualdad”.

Año 1944, charla entre Jauretche y el coronel Perón, como si fuera hoy.

- Mire, coronel, la revolución va a tener su mayor dificultad no con los analfabetos y los que apenas terminaron la escuela primaria. Esos hombres aprenden de la vida diaria y de sus necesidades insatisfechas. Se vuelven sabios por el estómago vacío y distinguen bien lo que es bueno de lo que es malo para ellos, que suele ser coincidente con lo que es bueno para el país. El problema está en esas amplias capas medias, que están educadas y son lectoras de diarios como La Prensa, La Nación o Critica; que han leído minuciosamente la historia de Mitre. Esos están educados, pero mal educados. Sus cabezas han sido conquistadas por un falso sentido común, repleto de zonceras. De esas falsedades que, de tanto repetirse, se instalan como premisas. Se han educado en el mito sarmientino de que la opción está entre la civilización o la barbarie. Por supuesto, todo lo extranjero es civilización, y lo de acá, lo criollo, es barbarie. Y mire qué curioso, porque la palabra “bárbaro” viene del griego, y así llamaban los griegos a los extranjeros, a los que no hablaban su lengua. Sarmiento invirtió esa lógica que fundó Occidente y, con sus buenas intenciones de educar a todo el mundo, los civilizó bárbaramente, es decir, extranjerizando nuestra cultura. Entonces, coronel, los más educados son también los peor educados. El medio pelo es, en nuestra sociedad, el hombre que se mira en un espejo equivocado, que no es el propio. La oligarquía es una minoría ínfima en nuestra sociedad; son dueños de la tierra, sí, pero su mayor poder es el de ser dueños de la cabeza de miles de argentinos de clase media, que, sin tener más tierra que la de los canteros del patio, se comportan como fieles defensores de un modelo que no les pertenece. Esos son muchos, miles, tal vez millones movidos no por la necesidad, sino por esa distorsión cultural, forjada en décadas de educación sarmientina y académica, y por la cotidiana lectura de los diarios “serios”. A esa gente le importa más parecer que ser. Ahí está el hueso más duro de roer para cualquier intento revolucionario.
- Mire, Jauretche, para mí hay una sola clase de hombres, los que trabajan. Y trabajadores, además de los ferroviarios y los metalúrgicos, son los empleados de comercio y los bancarios, que también son de clase media. Con esa harina, haremos el pan del cambio.
- Coronel, usted puede cambiar un gobierno, también puede modificar con esfuerzo las leyes del trabajo, como lo está haciendo. Lo difícil va a ser cambiar la mentalidad de los tilingos, que se orientan todos los días por zonceras. Eso va a costar muchos años, tantos que no sé si vamos a ver en vida el cambio, ni usted ni yo. Y el pan del que habla nos va a quedar con la corteza quemada y la miga cruda.
 



( Arturo Jauretche y el coronel Perón dialogando en uno de los tantos encuentros que tuvieron en el departamento del barrio de Palermo, en 1944 )