RADIO KRIMINAL

Muerte y funeral de Piotr Kropotkin | Por Emma Goldman

El 8 de febrero de 1921, fallecía Piotr Kropotkin en Dmítrov, Rusia.
Cuando llegué a Moscú en enero de 1921, me enteré de que Piotr Kropotkin estaba aquejado de neumonía. Inmediatamente, me ofrecí a cuidar de él, pero como ya le estaba asistiendo una enfermera y la dacha de Kropotkin era demasiado pequeña como para dar cobijo a visitas extraordinarias, decidimos que Sasha Kropotkin, quien por entonces se hallaba en Moscú, iría a Dmítrov para comprobar si mi presencia allí era realmente necesaria. Mi idea inicial era viajar a Petrogrado al día siguiente. Estuve esperando la llamada desde el pueblo hasta el mismo momento de mi partida. Al no llegar, supuse que Kropotkin se estaría recuperando. Dos días después, ya en Petrogrado, Rávich me informó de que Kropotkin había empeorado y que me estaban reclamando para que me personara enseguida en Moscú. Me puse en camino de inmediato, pero por desgracia mi tren se retrasó diez horas, así que llegué a Moscú demasiado tarde para hacer la conexión con destino a Dmítrov. No había por entonces trenes matutinos que llevaran al pueblo, así que hasta la tarde del 7 de febrero no pude finalmente ocupar el asiento de un tren rumbo a mi destino. Luego, la locomotora se fue a por combustible y no regresó hasta la una de la madrugada del día siguiente. Cuando por fin llegué a la dacha de Kropotkin, el 8 de febrero, conocí la terrible noticia de que Piotr había fallecido hacía más o menos una hora. Había requerido mi presencia en repetidas ocasiones, pero yo no había estado allí para prestar un último servicio a mi querido maestro y camarada, uno de los espíritus más grandes y nobles del mundo. No se me concedió el don de pasar junto a él sus últimas horas. Ahora al menos, permanecería allí hasta que le condujeran al lugar de su último reposo.
Dos cosas me habían impresionado en especial durante las dos visitas previas que había hecho a Kropotkin: su ausencia de resentimiento hacia los bolcheviques y el hecho de que nunca hubiera aludido a sus apuros y privaciones. Solo entonces, mientras la familia se preparaba para el funeral, me enteré de algunos detalles de su vida bajo el régimen comunista. A comienzos de 1918, Kropotkin había reunido en torno a él a algunos de los especialistas más capaces en política económica. Su intención era realizar un meticuloso estudio de los recursos de Rusia, reunir su exposición en monografías y llevarlos a la práctica durante la reconstrucción industrial del país. Kropotkin era el editor al cargo del proyecto. El primer volumen estaba listo, pero nunca llegó a ser publicado. La Liga Federalista, nombre por el que era conocido este grupo de científicos, fue disuelta por el Gobierno y todo el material confiscado.
Acusada de estar implicada en el asesinato del presidente McKinley, Emma fue detenida en 1901.
En dos ocasiones fueron requisadas las viviendas de Kropotkin en Moscú, viéndose la familia forzada a buscar otro alojamiento. Fue entonces, después de aquellas experiencias, cuando los Kropotkin se mudaron a Dmítrov, donde el viejo Piotr se convirtió, en contra de su voluntad, en un exiliado. Kropotkin, cuya casa había reunido en el pasado lo más florido del pensamiento y las ideas de cualquier lugar, se veía ahora obligado a llevar la vida de un recluso. Sus únicos visitantes eran campesinos y trabajadores del pueblo y algunos miembros de la intelectualidad que tenían por costumbre acudir a él con sus problemas y desgracias. Él siempre había estado en contacto con el mundo gracias a un gran número de publicaciones, pero en Dmítrov no tenía acceso a esas fuentes. Sus únicos canales de información allí eran los dos periódicos gubernamentales, Pravda e Izvestia. También se encontró muy limitado en lo referente a su trabajo sobre la nueva Ética una vez se fue a vivir al pueblo. Se sentía mentalmente hambriento, lo que para él suponía una tortura mayor que la malnutrición física. Es cierto que le daban un payok mejor que al individuo medio, pero incluso así este resultaba exiguo para mantener sus debilitadas fuerzas. Afortunadamente, de tanto en tanto recibía, de muy distintas procedencias, ayuda en forma de provisiones. Sus camaradas del extranjero, así como los anarquistas de Ucrania, a menudo le enviaban paquetes de comida. En una ocasión, recibió algunos regalos de parte de Majnó, por entonces proclamado por los bolcheviques como el terror de la contrarrevolución en la Rusia meridional. Los Kropotkin sentían en particular la falta de luz. Cuando les visité en 1920, se consideraban afortunados por estar en disposición de tener una habitación iluminada. La mayor parte del tiempo, Kropotkin trabajaba bajo el titilar de una minúscula lámpara de aceite que casi le había dejado ciego. Solía pasar sus notas a máquina durante las breves horas del día, tecleando lenta y dolorosamente cada una de las letras.
Sin embargo, no fue su falta de comodidad lo que fue minando sus fuerzas. Fue la idea de que la Revolución había fracasado, los apuros de Rusia, las persecuciones y los rasstrels –los fusilamientos– sin fin, lo que convirtió los dos últimos años de su vida en una verdadera tragedia. Intentó hacer entrar en razón a los dirigentes de Rusia en dos ocasiones: la primera, protestando contra la supresión de todas las publicaciones no comunistas; la segunda vez, contra la bárbara práctica de tomar rehenes. Desde que la Checa había comenzado sus actividades, el Gobierno bolchevique había oficializado la toma de rehenes. Viejos y jóvenes, madres, padres, hermanas, hermanos, incluso niños, eran mantenidos como rehenes por el supuesto delito de alguien de su familia y del que a menudo no sabían nada. Kropotkin consideraba aquellos métodos inaceptables bajo cualquier circunstancia.
Imágenes del entierro.
En el otoño de 1920, miembros del Partido Socialista Revolucionario que habían logrado salir al extranjero, amenazaron con represalias si la persecución comunista de sus camaradas continuaba. El Gobierno bolchevique anunció en su prensa oficial que por cada víctima comunista se ejecutaría a diez socialistas revolucionarios. Fue entonces cuando los famosos revolucionarios Vera Figner y Piotr Kropotkin enviaron sus protestas a quienes ostentaban el poder en Rusia. Señalaron que esas prácticas eran la peor mácula que podía caer sobre la Revolución Rusa, un mal que ya había provocado unos resultados terribles durante sus últimos coletazos: la historia nunca perdonaría ese proceder.
La otra protesta se llevó a cabo en respuesta al plan del Gobierno de «liquidar» todos los negocios privados del mundo de la edición, incluyendo los de las cooperativas. La protesta se dirigió a la presidencia del Congreso Panruso de los Sóviets, que por entonces estaba celebrando una sesión. Sería interesante resaltar que el propio Gorki, un funcionario del Comisariado de Educación, había enviado también una protesta parecida. En su queja, Kropotkin pedía que se prestara atención al peligro que una política como aquella supondría para todo el progreso, de hecho, para todo el pensamiento, e hizo hincapié en que un monopolio estatal de esas características prácticamente imposibilitaría el trabajo creativo. No obstante, las protestas no surtieron efecto. A partir de ahí, Kropotkin comprendió que era inútil recurrir a un gobierno al que el poder había enloquecido.
Durante los dos días que pasé en el hogar de los Kropotkin, conocí más detalles de su vida personal que durante todos los años que le había conocido. Ni siquiera sus amigos más próximos estaban al tanto de que Piotr Kopotkin era un artista y un músico de gran talento. Entre sus efectos, descubrí una colección de pinturas de mucho mérito. Amaba la música con pasión y había llegado a ser un músico de rara capacidad. Gran parte de su tiempo libre lo pasaba ante el piano.
Y ahora yacía en su sofá, en su pequeña sala de trabajo, aparentemente plácidamente dormido, con su expresión tan amable en muerte como lo había sido en vida. Miles de personas peregrinaron hasta la dacha de Kropotkin para rendir homenaje a aquel gran hijo de Rusia. Cuando sus restos fueron trasladados a la estación para ser conducidos a Moscú, todos los habitantes del pueblo asistieron al impresionante cortejo fúnebre para expresar su último y afectuoso adiós al hombre que había vivido entre ellos como amigo y camarada.
Y fueron los amigos y camaradas de Kropotkin quienes decidieron que serían las organizaciones anarquistas las que debieran hacerse cargo en exclusiva del funeral, de modo que a este fin se constituyó en Moscú la Comisión para el Funeral de Piotr Kropotkin, integrada por representantes de varios grupos anarquistas. El Comité envió un cable a Lenin, pidiéndole que ordenara la liberación de todos los anarquistas encarcelados en la capital, dándoles así la oportunidad de participar en el funeral.
Debido a la nacionalización de todo el transporte público, de los negocios de imprenta y demás, la Comisión para el Funeral organizada por los anarquistas se vio obligada a recurrir al Sóviet de Moscú para que este le permitiera llevar a buen puerto el programa del funeral. Habiendo sido privados los anarquistas de su propia prensa, la Comisión tuvo que solicitar a las autoridades la publicación del material relacionado con el plan del entierro. Después de discutir considerablemente, se logró el permiso para imprimir dos folletos y para publicar un boletín de cuatro páginas que conmemorara la figura de Kropotkin. La Comisión pretendía que la publicación fuera editada sin censura y declaró que su contenido estaría formado por apreciaciones sobre nuestro fallecido camarada, sin incluir cuestiones polémicas. Esta pretensión fue categóricamente rechazada. Al no tener otra opción, la Comisión se vio forzada a ceder, así que se enviaron los manuscritos a la censura. Para evitar la posibilidad de quedarse sin ninguna publicación conmemorativa a causa de las tácticas retardatorias del Gobierno, la Comisión para el Funeral resolvió abrir, bajo su responsabilidad, una imprenta anarquista que las autoridades gubernamentales habían clausurado. El boletín y los dos folletos se imprimieron en ese establecimiento.
En el centro, Emma Goldman dirigiéndose a los presentes en el entierro.
En respuesta al cable enviado a Lenin, el Comité Central Ejecutivo Panruso de los Sóviets resolvió «proponer a la Comisión Extraordinaria Panrusa (VCheK) que soltara, siguiendo su propio criterio, a los anarquistas encarcelados para que participaran en el funeral de Piotr Kropotkin». A los delegados enviados a la Checa se les preguntó si la Comisión para el Funeral garantizaría el regreso de los prisioneros. Ellos respondieron que esa cuestión no había sido tratada. Acto seguido, la Checa rechazó liberar a los anarquistas. La Comisión para el Funeral, al ser informada sobre cómo había evolucionado la situación, garantizó de inmediato el regreso de los prisioneros una vez cebrado el entierro. Sin embargo, la Checa respondió que no había anarquistas en prisión que, a juicio del director de la Comisión Extraordinaria, pudieran ser liberados con ocasión del funeral.
Los restos del fallecido fueron velados en la Sala de las Columnas del Templo Obrero de Moscú. La misma mañana del funeral de Kropotkin, la Comisión decidió informar a la gente allí congregada de la falta de confianza demostrada por las autoridades y, en consecuencia, se sacaron del Templo todas las coronas enviadas por cualquier institución oficial de los comunistas. Temerosos ante la posibilidad de quedar públicamente comprometidos, los representantes del Sóviet de Moscú por fin dieron palabra de que todos los anarquistas encarcelados en Moscú serían inmediatamente puestos en libertad para que asistieran al funeral. No obstante, también faltaron a aquella promesa, pues solo soltaron a siete anarquistas de la «cárcel interna» de la Comisión Extraordinaria. Ninguno de los anarquistas presos en la cárcel de Butyrka asistió al funeral. La explicación oficial fue que los veinte anarquistas confinados en esa prisión habían rechazado la oferta de las autoridades. Más tarde, visité a los prisioneros para evaluar los hechos del caso. Ellos me informaron de que un representante de la Comisión Extraordinaria trató de imponerles la asistencia individualizada, haciendo algunas excepciones en casos concretos. Los anarquistas, conscientes de que la promesa de la liberación temporal era colectiva, exigieron que las condiciones se respetaran. El representante de la Checa se fue en busca de un teléfono para consultar a sus superiores, según había dicho. Y ya no regresó.
El funeral produjo una imagen impresionante. Fue una demostración única, nunca vista en ningún otro país. Largas colas de organizaciones anarquistas, sindicatos, sociedades científicas y literarias y organizaciones estudiantiles marcharon durante más de dos horas desde el Templo Obrero hasta el lugar de enterramiento, una distancia de siete verstas (aproximadamente, cinco millas). La procesión iba encabezada por estudiantes y niños que portaban las coronas que las diferentes organizaciones habían enviado. Negras pancartas anarquistas y rojos emblemas socialistas ondeaban sobre la multitud. La procesión, de una milla de largo, no precisó en ningún momento de los servicios oficiales para preservar la paz. La multitud mantuvo un orden perfecto, disponiéndose de forma espontánea en varias filas mientras los estudiantes y los trabajadores organizaban una cadena viva a ambos lados de los asistentes.  Al pasar frente al Museo Tolstói, el cortejo se detuvo y se inclinaron los estandartes para honrar la memoria de otro gran hijo de Rusia. Un grupo de tolstoyanos interpretó desde la escalinata del Museo la Marcha fúnebre de Chopin como muestra de amor y reverencia hacia Kropotkin.
El brillante sol de invierno se sumía ya en el horizonte cuando los restos de Kropotkin fueron bajados a su tumba después de que oradores de muchas tendencias políticas hubieran rendido un último tributo a su gran maestro y camarada.
Emma Goldman - Mi desilusión en Rusia
Traducción de Enrique Moya Carrión
El Viejo Topo (2018)

LOS ARAUCANOS: Habitantes indígenas de la Araucanía | Por Rodolfo Casamiquela

El nombre deriva de Arauco, con toda probabilidad originado en el topónimo mapuche Rag-ko (con ge fuerte) “aguada de la tierra para cerámica” (rag). Arauco, hoy provincia de Chile, se llamó el territorio extendido inmediatamente al Sur de Penco –hoy Concepción-, ubicada en la desembocadura del río Bío-Bío, sobre el litoral pacífico. De allí Araucano y Araucanía.

Los Araucanos o Mapuche(s) eran somáticamente “ándidos”, es decir emparentados genéticamente con los incas históricos. Se usa el pretérito porque en la actualidad, luego de una convivencia de siglos con los caucásicos (europeo-criollos), el tipo puro no pervive, aunque, por “reflujo genético”, aparezcan individuos con apariencia de tales. A la inversa, rasgos “ándidos” son frecuentísimos en la población (global) “blanca” de Chile.

El tipo ándido (“mongoloide”) se caracteriza por su estatura mediana a baja, esqueleto frágil, aunque musculatura robusta, cráneo redondeado (corto; “braquicéfalo”); tendencia relativa a la obesidad en las mujeres. Cabello negro y liso, duro, y coloración de piel oscura, aunque de tinte mucho menos acusado que el tipo “cobrizo”.

Los Araucanos o Mapuche(s) (verlo) beneficiaron una cultura de cultivadores semi-sedentarios, de tala y roza (del bosque andino austral), cazadores-recolectores y pescadores marinos (costeros). El cultivo –primitivo, con bastón-, con énfasis en el maíz, quínoa, papa, porotos, calabazas, ají, era practicado por las mujeres, y la caza, parcialmente recolección y pesca, por los hombres.

La práctica del tejido y la cerámica –que alcanzaron alta calidad- fue del mismo modo responsabilidad esencialmente femenina, en tanto que la platería (aparentemente sólo desarrollada a partir de la conquista incaica) lo era de los hombres. (Véase, Inventario ergológico.)

Habitaban en grandes casas, de madera y “paja” (distintos vegetales flexibles), transportables en ciertos casos, de planta rectangular y techo “a cuatro aguas”, agrupadas en pequeños caseríos (de 3 a 10 unidades), denominados lof en lengua mapuche (o mapú-zungún, che zungún). Estos caseríos se mudaban periódicamente en relación con el agotamiento de las tierras de cultivo.

La estructura político-social se asentaba en una base dual: Por un lado, la autoridad del “cacique” –hereditaria-, miembro de uno de los (muchos) linajes de la Araucanía, distinguidos cada uno por un blasón (material –del mundo animal y, en menor grado vegetal, inorgánico e inmaterial, o intangible: temas verbales en 3ª persona, y otros). Por otro, como contraparte religiosa ideal de la porción “laica”, la figura del hechicero –femenina o masculina-, shamán puro desde que los Araucanos o Mapuche(s) se inscriben entre los pueblos más shamánicos del orbe.

El cacique, lonko en mapuche (“cabeza”), subordinado a veces a un gülmen o apo-gülmen (en que apo es voz tomada del kechua) “señor”, cacique de caciques, oficiaba como responsable “laico” en la ceremonia religiosa (colectiva, mixta) por excelencia del pueblo mapuche, al lado del shamán, machi en mapuche, oficiante religioso y verdadero centro de la ceremonia.

Ésta, denominada ngillatun (“ruego”, “rogativa”), kamarikun (ídem; deformado en camaruco), ngellipun, llellipún (“súplica”), y otros nombres, devenida ceremonia anual hoy en numerosas comunidades, de ambos lados de los Andes.

La religión, monoteísta en esencia, es netamente andina –de modelo peruano-. Lo propio sucede, con toda probabilidad, con la lengua, que muchos han comparado con las “grandes lenguas” andinas, como el kechua y el aimara, sin que no obstante haya podido probarse un emparentamiento genético con ellas. Son reconocibles, sí, profundas influencias, lexicales y gramaticales, de aquélla sobre la lengua mapuche, producto de la dominación incaica de Chile Central.

“Mapuche” es expresión común para los habitantes de la Araucanía histórica (“Araucanos”; véase Che).

En realidad, los indígenas usan las voces Che-zungun (=dungún) o Mapú-zungun, respectivamente “lengua de la gente” y “lengua de la tierra”. Aquélla, dominantemente cuando se pregunta a una persona si habla la lengua mapuche: ¿kim che-zunguimi?, ¿conoce Ud. la lengua de la gente? (La combinación ng representa un único sonido).

Dentro de la Araucanía existieron unidades socio-políticas menores, de diverso carácter, y en algunos casos no bien definidas o no bien comprendidas por los historiadores y etnógrafos.

Bajo la denominación “Huitran Mapu” existieron –parece que tardíamente ¿siglo XVII?- cuatro territorios subordinados de extensión longitudinal, N-S, a manera de franjas, aunque es dudosa su significación política. Se habla de las “tierras aliadas”, pero en realidad la denominación Witran-mapú o wütrán-mapú parece haber aludido a tierra(s) (mapú) “alzadas”, o mejor “verticales” –aunque witrán es igualmente “extranjero” y por ende witrán-mapú, ¡“país extranjero”!

En fin, quizá, de todos modos el camino sea más sencillo y se haya simplemente tratado de un equivalente antiguo –hoy no vigente- de wichán “aliado”; pero...la explicación parece forzada, ad hoc diré.

La idea de “verticalidad”, por su parte –en cambio- lleva a pensar en la organización vertical del ámbito andino meridional, demostrada por la exégesis etno-histórica. Precisamente, uno de estos territorios longitudinales habría sido el “de arriba”, Piré Witrán Mapú (piré “nieve”) o mejor Ina-Piré Witrán Mapú, es decir “Pre-Tierra de la Nieve” o de los faldeos occidentales de los Andes; de donde el nombre de “Arribanos” –por oposición a “Abajinos”- dado a los habitantes del gran Valle Central, Lelfün Witrán Mapu o “Tierra de los Llanos”.

Los restantes Witran-Mapú fueron Pewén Witrán Mapú (agregado tardíamente, tras la araucanización de los Pehuenches, en el siglo XVIII), e Ina-Lafkén Witrán Mapú, respectivamente “De las Araucarias” y “Litoral-Marino”.

Otras de estas unidades territoriales, de base socio-política ahora, o mejor político-religiosa, eran los lebo(s), levo(s), aparentemente sinónimo de rehue(s).

Valdivia escribió “Lebo. Parcialidad y división de tierras”, pero cumplió en agregar: “Lebo. Una Regua de Arauco” –es decir, un Rehue de Arauco.

Febrés escribió “Lepún. Una parcialidad de un cazique, y el lugar donde se juntan”. No cabe duda de que se trata de la misma voz: lefü=lefün (v=f y pe se permutan continuamente; se dice “v=f” porque, en verdad, se trata de un sonido vibrado, intermedio entre ambas consonantes castellanas).

Ha de tratarse, según toda probabilidad, de una variante, o variantes, de tema hoy consignado llüpü “plano”, “chato”, el que, como chüngküd (y otros, afines), connota las ideas de “radiado”, “circular”.

En apoyo de esta interpretación viene la aparente sinonimia de lepün con cabi, cavi, de los cronistas (kavi=kafi). Esta voz significa, lisa y llanamente “círculo”, “circular”, “en redondo”, lo mismo que su afín kawiñ, más utilizada para aludir a fiestas y ceremonias –ya que ellas se celebraban en lugares circulares, “circos”.

En fin, lo propio rehue (regüe, “regua”, como se vio), es decir re-we y más propiamente reg-we, en que we significa “donde” (o “con lo que”) y reg es el tema de “repartir” –a partir de un “centro”: de nuevo está presente la idea de “circularidad”.

Rewe es, por lo demás, el centro de la ceremonia religiosa ngillatún (verlo), y, por traslación, el tronco (de canelo, árbol sagrado) que identifica al hechicero –a cada hechicero (machi). De aquí la definición de estas unidades como político-religiosas.

Carácter especial, o mejor papel histórico especial, tuvo un área, pequeña, conocida a través del topónimo Forowe, “Vorohue”, “Lugar de los Huesos”, que derivó en “Voroa”, “Boroa”. De allí “Voroganos” o “Boroganos” como denominación de sus habitantes, perfectamente “llanistas”, desde que el paraje en cuestión se ubica apenas al Sur de la hoy ciudad de Temuco, en pleno Valle Central.

Sucedió que, al producirse la independencia de Chile, los indígenas Araucanos o Mapuche(s) se dividieron y enfrentaron: pro-patriotas los unos; pro-realistas los otros... Y como resultado de estas luchas de fracciones (“tribus”), intestinas, determinados grupos se vieron obligados a abandonar la región y trasponer la Cordillera andina. Aquende los Andes no era simple encontrar un lugar en el que el asentamiento de tribus enteras no produjera inmediatas fricciones y rechazos, y en definitiva la elegida fue la “Tierra de Nadie” (o de Todos...) ubicada grosso modo a lo largo del meridiano que, hoy, separa a las provincias de La Pampa y Buenos Aires, con expansión posterior hacia el NO de Buenos Aires.

De este modo, a partir de la década de 1820, se asentaron allá las tribus de caciques de renombre, tales como Melin, Alun, Rondeau (apellido europeo), Coñwepan, Coliqueo...

Y se produjo, pues -¡tan tarde!- la primera radicación propiamente dicha de grupos de Araucanos strictu sensu, o Mapuches veros, al oriente de los Andes.

Tomado de
LOS PUEBLOS (ETNIAS) INDÍGENAS DEL ÁMBITO PAMPEANO-PATAGÓNICO
VADEMÉCUM ÉTNICO

CULTURA: ¿Sabés cuando fue el nacimiento de Jesús verdaderamente?

Algunos hechos como la temporada del año, festivales paganos importantes y la aparición de un cometa podrían dar cuenta de que la fecha exacta no es el 25 de diciembre.

Para muchos estas fechas navideñas son un recordatorio de la divinidad de Jesús de Nazaret. Sin embargo, hay miles de religiones en todo el mundo que adoran a sus propios dioses, desde deidades naturales hasta creencias más convencionales. Y aunque muchas se contradicen, el cristianismo es la que ha logrado seducir a más adeptos, llegando de esta manera al 31,5% de la población mundial, según el Centro de Investigaciones Pew.

Para los católicos, la Natividad o Navidad, es la conmemoración del supuesto nacimiento de Jesús en Belén.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que Cristo no nació la noche del 24 de diciembre hace 2020 años.

Y es que varias referencias en los evangelios permiten situar en el tiempo a Jesús.

1. Herodes el Grande reinó en Judea desde el año 37 hasta el 4 antes de la Era Común. Herodes Antipas, su hijo gobernó desde ese año hasta el 39. Mientras que Poncio Pilato fue prefecto romano de Judea del 26 al 37.

Al respecto, el teólogo James Dunn, dijo en su obra maestra llamada 'El cristianismo en sus comiezos':

“Generalmente, se calcula que Jesús nació algo antes de la muerte de Herodes el Grande en el año 4 antes de la Era Común. Una fecha entre el 6 y el 4 antes de la Era Común concordaría con esa información histórica, como asume el relato de Mateo del nacimiento, y con la tradición de Lucas 3.23 de que Jesús “tenía unos 30 años” en el decimoquinto año del emperador Tiberio, estimado el año 27 o 28 de la Era Común”.

2. El evangelio de Lucas dice que el nacimiento de Jesús no fue en invierno, sino en primavera o verano.

Dunn, un profesor de Teología en la Universidad de Durham (Reino Unido), dijo que Jesús no nació hace 2020 años, ni tampoco durante la noche del 24 de diciembre. Es así que cita al evangelio de Lucas:

“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño”.

Es así que explica que en Belén, donde según la tradición, nació Jesús, los meteorólogos pronosticaban esta noche con una temperatura mínima de 4 grados. Y varios estudiosos lo respaldan diciendo que los pastores no sacaban su ganado en pleno invierno.

Es así que afirman que Cristo nació en primavera o verano, tal y como lo confirma Edwin D. Freed, un profesor de estudios bíblicos de la Universidad de Gettysburg (EEUU).

3. El Sol Invictus

El teólogo británico W.R.F. Browning dijo que durante sus comienzos, la Iglesia católica no celebraba el nacimiento de Jesús porque desconocía la fecha. Sin embargo, ya en el siglo IV, la Iglesia de Roma decidió fijar un día y designó el 25 de diciembre puesto que “porque había sido el día del festival pagano del Sol Invictus, cuando el invencible Sol triunfaba cada año frente a la oscuridad del invierno y los días volvían a ser más largos”.

4. Otras fechas

'Los misterios de Jesús', cuyos autores son el filósofo Tim Freke y el historiador Peter Gandy, afirman que nunca existió el Jesús histórico, sino que el personaje nació como la reinterpretación de varias deidades más antiguas, también nacidas de una virgen el 25 de diciembre, una fecha frecuentemente usada por diferentes direcciones ya por su cercanía al solsticio de invierno.

5. El cometa

En un artículo que publicó Colin Humphreys en 1991, el físico de la Universidad de Cambridge se apoyó en los registros astronómicos de las antiguas civilizaciones chinas, para decir que un cometa observado durante 70 días en el año 5 antes de la Era Común, pudo ser la estrella de Belén que tanto meciona Mateo. Es así que Jesús podría haber nacido entre el 9 de marzo y el 4 de mayo en el año 5 antes de Cristo.

Por último, el célebre físico Albert Einstein también mostró su opinión en torno a la veracidad del relato bíblico en una carta del 3 de enero de 1954. En ella le dice al filósofo Eric Gutkind:
“La Biblia es una colección de leyendas honorables, aunque primitivas, y en cualquier caso bastante infantiles”.
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CULTURA: Carmilla, la vampira lesbiana que inspiró a Bram Stoker para crear a Drácula

Carmilla, a punto de atacar a una de sus víctimas.
Bram Stoker, se inspiró en otro manuscrito escrito 25 años antes para crear su gran obra literaria. Se trata de una novela corta escrita por Sheridan Le Fanu en 1872. Su protagonista, Carmilla, es el antecedente femenino del famoso conde de Transilvania.

Lo cierto es que ambos personajes guardan cierto parecido. Pertenecen a la nobleza, están sujetos al sepulcro, tienen costumbres nocturnas y presentan una palidez extrema. Por no hablar del carácter epidémico del fenómeno pues, desde su llegada, los habitantes de sus respectivas ciudades empiezan a caer enfermos. Eso sí, para combatirlos cuentan con un experto cazador de vampiros. En Drácula era Van Helsing. En Carmilla, el varón Vordenburg.

"Carmilla", de Le Fanu, en una versión ilustrada por Ana Juan para el Fondo de Cultura Económica.
También los dos necesitan chupar la sangre a sus víctimas para permanecer vivos y jóvenes. Sin embargo, existe una ligera y llamativa diferencia. El cuento de Le Fanu representa el amor lésbico entre la vampiro y su víctima, lo que sitúa la historia en una temática erótica homosexual además de gótica. Y es que Carmilla no ataca aleatoriamente. Solamente muerde en el cuello a jóvenes de extrema belleza. Una dinámica que repetirá su colega medio siglo más tarde.

El lector conoce la leyenda de la joven vampiresa de la mano de Laura, una joven inglesa de dieciséis años que vive con su padre en un castillo cercano a Estiria (Austria). Una noche, un carruaje tiene un accidente cerca de su ‘schloss’. En él viajan dos mujeres: la joven Carmilla y su madre, que pide asilo al padre de Laura para cuidar a su hija mientras ella prosigue su viaje sin dar motivos de su apresurada marcha.

La joven muchacha entabla una amistad con Laura y no tarda en mostrar algunos de sus extraños hábitos, como el de no levantarse antes de mediodía. Poco tiempo después de su llegada, Laura empieza a sufrir pesadillas y cae enferma. Su padre está convencido de que algo extraño sucede y decide investigar las causas, aunque sólo podrá salvar a su pequeña si descubre la verdadera identidad de Carmilla.